Yo era un capo en el ambiente,
derrochaba adrenalina,
me presentaba en Corrientes,
tenía palco en el Colón,
manejaba un convertible,
no escatimaba propinas,
las quimeras imposibles
de otros eran mi rutina,
no había nacido la mina
que me dijera que no.
Pero pucha, un un veintinueve
de aquel febrero bisiesto
me vi pernoctando un jueves
en un banco de estación,
sin más ajuar que lo puesto,
ni credit card, ni cobija.
Las ratas que huían del barco
del retrato de mis hijas
me afanaron hasta el marco
creyendo que era art decó.
Las coristas y las farras
se esfumaron con la guita,
los muchachos de la barra
no me echaron ni un piolín;
Charly no tuvo un detalle
ni Fito un “¿qué necesitas?”
cuando, al cabo de la calle,
rompí mi caricatura,
ni el camión de la basura
tuvo un jergón para mí.
Disqué el movicón amado
de una gatita de angora,
“no moleste a la señora”,
contestó el contestador.
Y aprendí que estar quebrado
no es el infierno del Dante,
ni un currículo brillante
la lámpara de Aladino,
cuando me hablan del destino
cambio de conversación.
Espejismos rosicleres
ya no me fruncen el ceño,
ni me cobran alquileres
las mujeres que olvidé,
bajo el sol que me apuñala
vivo sin patria ni dueño,
como el aire lo regalan
y el alma nunca la empeño
con las sobras de mis sueños
me sobra para comer.
¿De qué voy a lamentarme?,
bulle la sangre en mis venas,
cada día al despertarme
me gusta resucitar,
a quien quiera acompañarme
le cambio versos por penas,
bajo los puentes del Sena
de los que pierden el norte
se duerme sin pasaporte
y está mal visto llorar.
En este rinconcillo no hago otra cosa que expresar mis pareceres y colmarlo de fragmentos literarios.
jueves, 2 de agosto de 2012
martes, 22 de mayo de 2012
Carta de un toro de Lidia
Me llamo 'Toro de Lidia'. Dicen que soy uno de los animales más bellos del planeta, que estoy enamorado de la luna y que el orgullo animal se encarama en mis astas. Lo que digan los poetas y cantantes es lo de menos. Mis antepasados vivían en toda Europa y Asia Central, pero los humanos los fueron exterminando porque, lo reconozco, los toros bravos tenemos carácter y bastante afición a pegar cornadas a todo lo que se mueve. No somos corderitos.Lo verdaderamente importante es que mi raza sobrevive gracias a las corridas de toros y sólo en los países en los que hay corridas de toros.
Se trata de una ley económica elemental: la demanda crea la oferta; mientras haya afición taurina, habrá toros de lidia. Si no, seremos exterminados por completo.
He vivido mi infancia y juventud espléndidamente en dehesas sin fronteras. Me duele saber que otros animales salvajes viven enjaulados en los parques zoológicos. Y me dan ataques de claustrofobia cada vez que pienso en los animales de granja estabulados (cerdos, pavos, pollos, etc.). Toda una "vida" mirando un metro cuadrado de suelo, esperando el día en que, hacinados en camiones, sean llevados al matadero, sin posibilidad de ser indultados tras hacer una pelea con bravura. O esos perros y gatos encerrados casi todo el día en un piso, y habitualmente castrados para que el dueño esté más tranquilo. Encerrados y castrados. ¡Eso sí que es tortura!
Por no hablar de los peces, colgados del anzuelo durante un buen rato, o los mariscos, a los que tiran vivos en el agua hirviendo... ¡yo no me cambio por ninguno de ellos!
Escribo esta carta desde el toril donde yo también aguardo el momento de ser sacrificado. Es la suerte común de todos los animales que con nuestra carne y piel prestamos un servicio al hombre. Me cabe la satisfacción de saber que hasta mis últimos movimientos proporcionarán un espectáculo que emocione a muchas personas.
Unos lo verán como un deporte de riesgo donde un enjuto torero (provisto sólo de capa y espada) se enfrenta a un toro enorme. Otros valorarán más el arte y colorido impresos en cada pase. Deporte o arte, lo que me satisface sobremanera es que los aficionados disfrutan sin necesidad de descargar su rabia contra nadie. He oído hablar de un deporte (fútbol creo que se llama) que a menudo termina en peleas entre seres humanos hasta la muerte.
No hay deporte sin riesgo y sin dolor. Por lo que a mí respecta, ese cuarto de hora de lucha cara a cara con el hombre (nunca de «tortura», pues yo embestiré cuando me dé la gana y repartiré lo mío) no me parece un coste excesivo al contrastarlo con las ventajas que antes he disfrutado y con las torturas infligidas sobre otros animales y personas. Sí, también personas. Estoy pensando en las torturas practicadas a la población reclusa en tantos Guantánamos que todavía quedan en el mundo. Y en las torturas practicadas en el seno materno conducentes al aborto. Al parecer, éstas últimas son legales pero nadie puede filmarlas; sería de mal gusto reproducir imágenes tan espeluznantes.
Amigos ecologistas: no seáis capullos. Gracias por la "preocupación" que desde siempre habéis mostrado por mi especie y raza: el toro de lidia. Me temo, sin embargo, que el remedio que proponéis es peor que los males que suponéis padecemos. ¿O se trata, acaso, de una manera de desviar la atención de los verdaderos problemas que azotan a los demás animales y a la especie humana?
saludos.
TORO DE LIDIA.
martes, 15 de mayo de 2012
Fragmento de "Fuente Ovejuna", de Lope de Vega.
FRONDOSO. Yo y Barrildo contra Mengo.
LAURENCIA. ¿Qué dice Mengo?.
BARRILDO. Una cosa
que, siendo cierta y forzosa,
la niega.
MENGO. A negarla vengo
porque yo sé que es verdad.
LAURENCIA ¿Qué dice?.
BARRILDO. Que no hay amor.
LAURENCIA. Generalmente, es rigor.
BARRILDO. Es rigor y es necedad.
Sin amor, no se pudiera
ni aún el mundo conservar.
MENGO. Yo no sé filosofar;
leer, ¡ojalá supiera!
Pero si los elementos
en discordia eterna viven,
y de los mismos reciben
nuestros cuerpos alimentos,
cólera y melancolía,
flema y sangre, claro está.
BARRILDO. El mundo de acá y de allá,
Mengo, todo es armonía.
Armonía es puro amor,
porque el amor es concierto.
MENGO. Del natural, os advierto
que yo no niego el valor.
Amor hay, y el que entre sí
gobierna todas las cosas,
correspondencias forzosas
de cuanto se mira aquí:
y yo jamás he negado
que cada cual tiene amor
correspondiente a su humor,
que le conserva en su estado.
Mi mano al golpe que viene
mi cara defenderá;
mi pie, huyendo, estorbará
el daño que el cuerpo tiene.
Cerrabanse mis pestañas
si al ojo le viene mal.
PASCUALA. Pues ¿de qué nos desengañas?.
MENGO. De que nadie tiene amor
más que a su misma persona.
PASCUALA. Tú mientes, Mengo, y perdona;
porque ¿es mentira el rigor
con que un hombre a una mujer,
o un animal quiere y ama
su semejante?.
MENGO. Eso llama
amor propio, y no querer.
¿Qué es amor?.
LAURENCIA. Es un deseo
de hermosura.
MENGO. Esa hermosura
¿por qué el amor la procura? .
LAURENCIA. Para gozarla.
MENGO. Eso creo.
Pues ese gusto que intenta,
¿no es para él mismo?.
LAURENCIA. Es así.
MENGO, Luego ¿por quererse así
busca el bien que le contenta?.
LAURENCIA. Es verdad.
MENGO. Pues de ese modo
no hay amor, sino el que digo,
que por mi gusto le sigo,
y quiero dármelo todo.
(...)
LAURENCIA. Da gracias, Mengo, a los cielos,
que te hicieron sin amor.
sábado, 28 de abril de 2012
Ovillejos, de Miguel de Cervantes.
OVILLEJOS
¿Quién menoscaba mis bienes?
¡Desdenes!
¿Y quién aumenta mis duelos?
¡Los celos!
¿Y quién prueba mi paciencia?
¡Ausencia!
De este modo en mi dolencia
ningún remedio me alcanza,
pues me matan la esperanza,
desdenes, celos y ausencia.
¿Y quién me causa este dolor?
¡Amor!
¿Y quién mi gloria repuna?
¡Fortuna!
¿Y quién consiente mi duelo?
¡El cielo!
De este modo yo recelo
morir desde mal extraño,
pues se aúnan en mi daño
amor, fortuna y el cielo.
¿Quién mejorará mi suerte?
¡La muerte!
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
¡Mudanza!
Y sus males, ¿quién los cura?
¡Locura!
De este modo no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.
lunes, 23 de abril de 2012
Coplas del vino, de Nicanor Parra. (Premio Cervantes 2012)
Nervioso, pero, sin duelo
A toda la concurrencia
Por la mala voz suplico
Perdón y condescendencia.
Con mi cara de ataúd
Y mis mariposas viejas
Yo también me hago presente
En esta solemne fiesta.
¿Hay algo, pregunto yo
Más noble que una botella
De vino bien conversado
Entre dos almas gemelas?
El vino tiene un poder
Que admira y que desconcierta
Transmuta la nieve en fuego
Y al fuego lo vuelve piedra.
El vino es todo, es el mar
Las botas de veinte leguas
La alfombra mágica, el sol
El loro de siete lenguas.
Algunos toman por sed
Otros por olvidar deudas
Y yo por ver lagartijas
Y sapos en las estrellas.
El hombre que no se bebe
Su copa sanguinolenta
No puede ser, creo yo
Cristiano de buena cepa.
El vino puede tomarse
En lata, cristal o greda
Pero es mejor en copihue
En fucsia o en azucena.
El pobre toma su trago
Para compensar las deudas
Que no se pueden pagar
Con lágrimas ni con huelgas.
Si me dieran a elegir
Entre diamantes y perlas
Yo elegiría un racimo
De uvas blancas y negras.
El ciego con una copa
Ve chispas y ve centellas
Y el cojo de nacimiento
Se pone a bailar la cueca.
El vino cuando se bebe
Con inspiración sincera
Sólo puede compararse
Al beso de una doncella.
Por todo lo cual levanto
Mi copa al sol de la noche
Y bebo el vino sagrado
Que hermana los corazones.
Rayuela, de Julio Cortazar. (capítulo 7), descripción de un beso.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elijey te dibuja en la cara, una boca elegida con mi mano en tu cara, y que por azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes de miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
miércoles, 4 de abril de 2012
Sangre en la calle del Turco, de José Calvo Poyato
En España ha triunfado la revolución liberal y el país vive entre la esperanza y la incertidumbre, mientras el gobierno del general Prim busca un nuevo rey que sustituya a los Borbones. Los conflictos políticos están a la orden del día y Madrid es un confuso y bullicioso hervidero de intrigas y maquinaciones clandestinas. Un simple aspirante a escritor, Fernando Besora, asiste con sus propios ojos al complot más peligroso, el que puede traer las consecuencias más imprevisibles: la trama para asesinar al mismísimo general Prim.Es una excelente novela, con mucho rigor histórico que no pretende engañarnos de nada. Las cosas son así y punto. Se podría decir que llega a secuestrarnos, porque en ciertos momentos nos sentimos dentro de ella, intentando ayudar al protagonista. Su cercanía hace que nos riamos y emocionemos al ver lo que siente "Fernandito", como amigablemente lo llama el fiero Ignés -un cordero disfrazado de lobo.
Nos cuenta ciertas anécdotas históricas muy curiosas e interesantes, para mí, existe una que destaca sobre todas. Paso a contarla:
(En una mesa del "palacio" -entenderéis al leer la novela porque escribo palacio entre comillas- presidencial, se encuentra el general Prim, acompañado de su esposa, Ignés Vilaplana y Fernando Besora. A lo que Fernandito se adelanta.):
-He visto que produce cierta hilaridad la navaja de Ignés ¿qué pasa con ella?
Prim y Vilaplana intercambiaron una mirada. El general, que acababa de dar un sorbo de vino de su copa, indicó al contrabandista que se explicase. Pero le interrumpió la llegada del servicio con el primer plato: una ensalada de patatas y judías verdes. Mientras comíamos Ignés contó la historia de la navaja.
-En una ocasión el general me invitó a su mesa, pero con menos intimidad de la que gozamos hoy. No recuerdo cuántos éramos, por lo menos una docena. La comida era plato único: tasajos de jabalí que el general había cazado en su finca de los Montes de Toledo, acompañados de patatas asadas. A mí me faltaba el cubierto...
-No fue un descuido de las camarera -puntualizó Doña Francisca.
-¡Qué va! ¡Todo había sido ideado por el general que también dispuso que me sirvieran el último! Esperaba mi reacción al verme sin cubierto. Observé que el personal empezaba a comer y que yo no tenía con que hacerlo. Busqué ayuda con la mirada, pero nadie me prestaba atención. Todos se habían conchabado.
-¿Qué hizo usted? -le pregunté.
-Saqué mi navaja; el chasquido del muelle al hacerlo horrorizó a la damisela que estaba a mi lado. Luego puso cara de asco al ver que me valía de ella y de un trozo de pan para comerme la carne. El general se desternillaba de risa.
-Yo sabía que era un hombre de recursos -comentó Prim-. Pero quería probarlo fuera de su ambiente.
-¡Aprobé con nota!
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